Todo dueño de un gato conoce la frustración específica de traer a casa un juguete nuevo y costoso, sólo para ver a su amigo felino ignorarlo por completo. Pasaste veinte minutos eligiendo el ratón rojo brillante perfecto o la pelota naranja neón, convencido de que sería su nueva posesión favorita. En lugar de eso, lo huelen una vez y se van, prefiriendo un recibo de papel arrugado o un aro de plástico para leche. A menudo los etiquetamos como quisquillosos o mimados, pero la realidad se basa más en la biología que en la actitud.